"La humanidad tiene hambre, es cierto. Pero tiene hambre ¿de qué? y ¿ cómo?. Aún tiene hambre en el sentido literal, para la mitad de sus mienbros y este hambre hay que satisfacerlo, es cierto. Pero ¿solo tiene hambre de alimento? ¿en qué difiere, entonces, de las esponjas o corales? ¿Porqué ese hambre, una vez satisfecho, deja siempre aparecer otras preguntas, otras demandas?(...) La humanidad tuvo y tiene hambre de alimentos, pero también de vestidos y después de vestidos distintos a los del año pasado, tuvo hambre de coches y de televisión, tuvo hambre de poder y hambre de santidad, tuvo hambre de mística y hambre de saber racional, tuvo hambre de calor y fraternidad, pero también hambre de sus propios cadáveres, hambre de fiestas y hambre de tragedias y ahora parece tener hambre de luna y de planetas (...) El hombre no puede existir sino definiéndose cada vez como un conjunto de necesidades y de objetos correspondientes, pero supera siempre estas definiciones y, si las supera (...) es porque él las inventa- no en lo arbitrario ciertamente, siempre está en la naturaleza, el mínimo de coherencia que exige la racionalidad y la historia precedente". (Castoriadis 1993: 234-235 )
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